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El economista Carlos Melconián —señalado por referentes del círculo rojo como uno de los potenciales candidatos a las elecciones presidenciales del próximo año y atacado de manera personal por el propio presidente Javier Milei— realizó un exhaustivo balance del programa económico y político del Gobierno nacional. En su análisis, sostuvo que si bien la gestión nacional logró hitos de relevancia histórica, como la restauración del superávit fiscal y evitó una crisis sistémica de proporciones, las medidas instrumentadas hasta la fecha resultan insuficientes para configurar un esquema de crecimiento de largo plazo que impacte de manera concreta en el bienestar de la sociedad.
En relación con el impacto inicial del cambio de gestión y el alcance del mandato presidencial, Melconián señaló: “Muy probablemente, el paso del tiempo irá confirmando dos cosas: lo histórico del mandato del presidente Javier Milei y, al mismo tiempo, sus limitaciones o su techo. En lo histórico, podrá ser visto como la persona que ‘pateó el hormiguero’. Esto es: rompió inercias, desafió consensos agotados, removió temas tabú y reinstaló la disciplina fiscal –con licuadora más que con motosierra– que pocas veces y por cortos períodos tuvo el país. Hasta aquí, meritorio”.
No obstante, el especialista contrapuso dicho punto de partida con los desafíos actuales del programa económico, remarcando las falencias en la fase de desarrollo e inversión: “Empieza a tomar cuerpo, y está cada día más claro, que una cosa es romper y otra, construir. Romper, justamente, es patear el hormiguero. Construir es que la gente esté mejor. Y lo que se está viendo es que esa construcción todavía no aparece y, más preocupante aún, tampoco aparece una hoja de ruta para alcanzarla”.

Al evaluar la dinámica monetaria, el régimen cambiario y el comportamiento de las divisas en el sistema crediticio y de reservas, profundizó: “Se va confirmando, en los dichos y en los hechos, que es un gobierno concentrado casi exclusivamente en lo económico. Y dentro de lo económico, específicamente en tres cosas: I) superávit fiscal a partir de la licuación masiva del gasto en 2024, casi sin reformas ni del gasto ni de impuestos; II) pago de la deuda en dólares con financiamiento a los ponchazos, y en pesos con financiación más nueva deuda, y III) mercado de cambios, donde compró dólares durante 2024, vendió y, además, necesitó al Tesoro norteamericano en 2025 y vuelve a comprar en 2026. Las reservas suben muy poco y permanecen menos negativas que las heredadas. La principal razón por la que no suben es que la dolarización de los argentinos se lleva íntegramente el gigantesco superávit del comercio exterior. Gran problema: los dólares que entran por una ventana se van por otra, al colchón, a la tarjeta en dólares, a Punta Cana, entre otros destinos”.
Respecto a la estabilidad financiera y los condicionantes estructurales que persisten a dos años y ocho meses del inicio de la administración, fundamentó: “La Argentina tiene hoy algo que muchas veces no tuvo: superávit fiscal y superávit comercial simultáneamente. Y aunque no es infalible, esto es claramente una oportunidad que permitiría evitar una crisis financiera. Pero sería un triste error conformarse solamente con evitar la próxima crisis. Volviendo a la estrategia económica, lo dicho hasta aquí –superávit fiscal en pesos y comercial en dólares– alcanza probablemente para evitar una explosión financiera, lo que no es un tema menor para la historia argentina. Pero lejos está de constituir una economía normal que resuelva el tema de que la gente esté mejor”.
En el plano político y regulatorio, cuestionó las tácticas del oficialismo y los conceptos sobre el funcionamiento macroeconómico: “En lo político, el Gobierno está concentrado básicamente en la búsqueda de ingeniería electoral para la reelección, ‘al puro estilo casta’. Por lo tanto, la idea de que ‘la macro anda bien y falta la micro, que le llegue al ciudadano de a pie’ es un concepto equivocado, dado que lo macro no está resuelto. La macro resuelta genera un marco previsible y sostenible para que las familias y las empresas tomen decisiones de consumo, ahorro, inversión y producción con muy baja incertidumbre. La estabilidad bien entendida todavía está lejos. Pero aun así, y aunque algún día llegara, no es el punto de llegada. Es la plataforma desde la cual una sociedad puede volver a creer, crecer, invertir, recuperar oportunidades para la sociedad y confiar en su moneda”.

Finalmente, el economista remarcó la exigencia de diseñar un plan integral para garantizar la sostenibilidad del país: “El desafío argentino no consiste en volver atrás ni en encontrar un punto medio entre el populismo que fracasó y un dogmatismo que confía en que todo lo demás aparecerá espontáneamente. El desafío es superarlos. Disciplina fiscal, moneda, productividad, inversión, progreso social, instituciones, confianza y cohesión social no son programas diferentes. Son partes de una misma economía normal. Milei tuvo el mérito histórico de patear el hormiguero. La oportunidad que queda abierta es mucho mayor: construir después de haberlo pateado”.